La última  manzana en ser cogida es la más dulce del árbol
 
Lo cierto es que me quedé plantada
hecha una maraña, sin principio ni fin,
de nervios e inseguridades amplificadas al máximo.
 
Hoy sólo alguien sensible podría notar,
en el fondo de mis ojos,
detrás de aquellas pupilas,
que lo único que quiero es llorar a gritos,
tal vez como alguien en extremo mimada o en exceso dolida.
 
Peor para mí, presagio de que nunca
voy  a volver a hablar contigo.
 
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