La Real Academia Española de la lengua define la mentira como
"aquella expresión o manifestación contraria a lo que se sabe,
se cree o se piensa".
Por lo tanto, la mentira implica intención por parte del mentiroso,
diferenciándose, así, del ignorante u otros animales de compañía.
 
Vivimos en permanente contacto con otras personas
en nuestra casa y en el mundo  urbano,
la Universidad y en el Transantiago,
en los megamercados y otras manifestaciones de la modernidad
y mantenemos una confianza mutua
que permite una socialización sin mayores conflictos.
Pensamos que hay respeto, honestidad, altura de miras,
que somos gente cosmopolita, integrada, (blah blah blah),
y creemos que nuestos cercanos y "amigos"
y otros con los que circunstancialmente interactuamos
no nos engañan y son sinceros.
 
Pero esta confianza que le pudimos dar a alguien en un minuto
– (llámese una simple CONVERSACIÓN) –
queda gravemente herida por culpa de la mentira.
Porque la mentira implica engaño y traición.
Porque la mentira nace cuando usan la buena fe de una persona
para satisfacer un pequeño gusto egoísta,
o para alcanzar una meta o ganancia a costa de los demás.
 
El victimario aplica la arana con maestría
y en ocasiones con rotundos fracasos.
De cualquiera de las maneras duele, y sinó pregúntenselo a los estafados.
Pregúntenmelo a mí.
 
Porque hoy me terminé de convecer que existen los cara de palo,
los mentirosos que no tienen pudor ni escrúpulos a la hora de crear mundos ficticios,
situaciones irreales y fantasias mal paridas.
Tu mentira fue una evasión de la realidad, un cuento mal contado…..
un sueño del que no despertaste jamás.
 
Sólo sé que la justicia divina existe y que los desmentidos se dan en el momento preciso…
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