Dejé muchas pistas,  las escondí en cada lado antojadizo

por el que anduve revoloteando.

Te dí la llave…

la tomaste, la metiste lentamente en la cerradura.

Y saliste sin decir mucho más.

 

En esos días sabía que sólo quedaría uno en la habitación…

sabía que uno de los dos saldría de esto…

pensé que sería yo que huiría despavorida, agobiada talvez,

y me reiría una vez más de la vida en su propia cara.

Una vez más sé que los caminos trazados de antemano pocas veces resultan.

 

 

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