Los juicios  apriori nunca son buenos,
las corazonadas a veces engañan.
Aunque uno crea ponderar correctamente el peso de cada acción,
propia y de los demás,
llevamos vendas en los ojos.
El velo del prejuicio  se puede volver tan denso como como una Cortina Blackout
 
Ayer me senti una basura.
Deberían haberme hecho un corto al estilo "Una Canción de Navidad".
 
Estaba en la fila del supermercado, esperando para pagar,
se hacía tarde y estaba un poco malhumorada, más bien preocupada.
Generalmente no tiendo a ser sectarista, o tal vez lo sea y no me percate de ello.
¿Acaso los locos reconocen serlo?
Bueno, estaba en la fila con mi hermano y detrás de él llegó un niño pequeño,
humilde, un poco sucio, "con actitud sospechosa",
con una camisa o chaqueta doblada en su antebrazo.
Recordé los programas de Tv Antidelicuencia, En la Mira, Paz ciudadana 
(Don Graf incluido), y el susto me embargó, le dije a mi hermano:
Cuidado ese niño que esta detrás tuyo, puede robarte.
El niño no miraba a la cara a nadie, solo se movía al avanzar la fila,
y yo cada vez más nerviosa le decia: ¡Oye cuidado con tu billetera!
Mi hermano incómodo con la situación me dijo:
jajaja! que me va a robar este niño chico!!! además afuera hay guardias.
Yo le dije ah!! okey, nunca más te advierto cuando estés en peligro.
Me sentí dueña de la verdad, yo en verdad esperaba que el niño le robara
para tener la razón y restregarle en su cara lo descuidado que era.
 
Por fin llegó mi turno, pagué.
Al voltearme hacia el chico,
vi que sacaba entremedio de la camisa una bolsita transparente
con unos pocos billetes y monedas,
vi sus manos…pequeñas…y llenas de grietas…ajadas,
llenas de tierra en sus uñas y dedos,
pero no eran de suciedad, el rigor del trabajo las había teñido.
Claro el había trabajado, juntado dinero para poder comprarse ropita,
pasar el invierno en mejor condición
 
Me sentí una rata prejuiciosa, una nazi, una tonta que se traga
programas artificiales envasados. Tv Basura. Me lavaron el cerebro.
Me quebré, apenas salí de la caja me puse a llorar no podía parar.
No podía creer que me hubiera equivocado tanto, pensar tan mal del pobrecillo
Sólo rogaba a Dios que aquel niño no me hubiera oido,
con su trabajo esforzado compro su chaqueta,
¿y que pasaría si me hubiese escuchado?
¿Se molestaría él, se tomaría la molestia de ser honrado y esforzado,
si venia una mujer estúpida y prejuciosa, a pensar que él era un delincuente?
 
 
 
 
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