Lucia y Cristóbal estaban separados,

Sólo podían amarse  a la distancia.

Se parecían bastante pero no eran iguales.

A pesar de que no se interponían grandes obstáculos entre ellos,

por lo menos no habían obstáculos mayores a ellos mismos.

Solo podían respirase e intercambiar miradas desde esos kilómetros

en donde a pesar de ser libres, estaba presos.

El universo  siempre quiso que mantuvieran la distancia.

Sus únicos emisarios eran palomas mensajeras, colibríes, loicas y tordos.

Con ellos enviaban cartas de amor con pedazos de flores y ramitas de árboles,

con aromas primaverales y mezcla de fragancias embriagadoras.

Así alimentaban su amor… a la distancia.

Así podían saber como se encontraban, contarse nuevas historias,

esas historias que sólo ellos veían y que nadie más las volvería  a contar.

Los dos eran reservados y sabían guardar silencio.

Al igual que Lucía, Cristóbal sufre hoy una plaga pokemonística.

Ojalá Lucía y Cristóbal nunca dejen de respirar y sigan purificando nuestras

ideas y dando un respiro visual,

un pequeño paraíso que a pesar de no estar escondidos,

debido a los prejuicios de muchos son muy poco visitados.

La incipiente ciudad instalada en Huelén, es ahora una inmensa urbe.

Y quizás debido a lo mismo permítanme decirles algo amigos míos:

Uds no son ningún par de santos.

 

 

 

Anuncios