Aquella mujer parecía no tener fin.
No era infinita, pero sus lamentos y su tono quejumbroso
me colmaban hasta limites que yo no conocía.
Lo único que quería ese día era silencio y paz,
esa que sólo te la da la quietud de espíritu,
la que necesitas cuando debes tomar grandes decisiones, pero no!
Ahí estaba el lamento humano, la paladina de la "justicia"
quejándose del estado de las cosas sin hacer mucho más.
yo a lo único que aspiraba a esas alturas del día era que
mi cerebro dejara de cosquillear,
supongo que mis neuronas chocaban unas con otras, tratando racionalmente
de que mis manos  no fueran directo al cuello de aquella bestia
que vociferaba las faltas de conciencia de su alrededor.
Porque que hay gente que es como un disco rayado de un Ranking de Radio AM.