Después de tanto tiempo
llegamos a un mismo punto,
al Unísono.
No te disperses, no te diluyas.
Ni las montañas ni los mares alejan mis pensamientos de ti.
Y nuevamente pronuncio tu nombre.
No necesito un barco, ni un avión,
mi medio para llegar a ti es tan simple como el pensamiento.
Lo insustancial se vuelve físico cuando la emoción invade el corazón.