El invierno es crudo al  sur del mundo,
siempre  me gustó el look de las personas del norte,
pero no los de mi norte, o sea, no los de Norteamérica.
Eurolook, gastado, desaliñando, cuidadosamente estudiado,
un neovintage que evoca lugares, personas y situaciones vividas en nuestra infancia.
 
Mi gigante oso de peluche y las almohadas que pongo a mi costado son
el único calor que me derrite,
tal como el agua caliente en una mañana escarchada,
mi noche y mi despertar.
 
Y sigo mirando las estrellas por si aquel milagro esperado por mi
ocurre uno de estos días.
 
Porque como dice CableSanto: lo que no te mató más fuerte te dejó.