No se trata de la muerte, o tal vez  si.
Por lo menos, no de una persona en cuanto a  tal, sino
más bien de lo que  representa para nosotros.
Amor, amistad, seguridad, adrenalina, comprensión, o agradable compañía.
Nosé precisamente qué cosas deban suceder para que
seamos homicidas intelectuales y encubridores de los decesos
de aquellos que nos dejaron,
o que tal vez sólo cometieron el error de
tardar más de lo contemplado.
 
He ahí un buen y problemático punto.
 
¿Qué nos hace decidirnos por la sepultación,
– y no necesariamente el olvido – de un cercano?
En el rótulo que le damos a aquella persona,
¿será que simplemente no cumpla su cometido para el que lo hemos clasificado?
 
O sea, cómo se explica que al que nunca se atrasa no lo esperemos,
que no disculpemos al que siempre esta ahi porque una vez no pudo poner el hombro,
que nos saque de quicio el que nunca titubea porque esta vez demora demasiado
 
Cuál es el tiempo límite para responder ante el futuro,
o el pasado que vuelve otra vez.
 
 
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