Las muertes siempre son dolorosas.
A pesar de no ser de una cercana esa situación me remeció por completo,
La madre que dejo el hogar, había partido ya hace mucho antes,
ese es el único consuelo que quedaba  para los que habían preparado todo
para  la irreversible y mortífera situación.
Como toda matriarca que supongo que era, número menor y poder superior,
fue generosa hasta en el momento ulterior, pudo brindar amor y una navidad 
a sus hijos, nietos, y a su esposo. También los acompañó a la distancia,
en la llegada del 20/Once, después de haberlos dejado tener algo de esa
efímera felicidad, partió, como dijo el sacerdorte a su última morada
donde vivirá por siempre y a la espera del reencuentro final.
 
Pasamos algunas horas del año nuevo con algunos componentes de esa familia.
Algunas situaciones se tornaron sorpresivas, hasta embarazozas a ojos ajenos.
Pero para mí ni tán incómodas, entre risas, abrazos y reflexiones,
fue un año nuevo…diría yo profundo, volcado a los afectos,
más que al festejo dicharachero.
Aunque carcajeamos con situaciones muy graciosas.
Cuando estaba en la iglesia, me sorpredí al darme cuenta que
en el primer asiento, el propio de los deudos del núcleo directo,
estaban ellos, sólo hombres,
como un Club de Tobi, fue algo que no dejó de causarme gracia,
y recordé una teleserie ya bastante añeja del canal del angelito.
Ninguno de los nombres de ellos comenzaba con la letras A,
de hecho ninguno de los nombres de ellos comenzaba con la misma letra.
Y cómo que me dio por pensar en la genética y
los pobres genes recesivos que quedaron rezagados, femeninotipos.
A uno de los chicos, le di un fuerte abrazo,
y al que no veía hace mucho tiempo, y de hecho que ya tiene un ejemplar
masculinotipizado, no lo pude abrazar, ni siquiera le pude hablar,
pero me vio ahi, y fue extraño, tuve la sensación,
que cada vez que pasaba cerca mío, más ganas le daban de llorar,
era el hombre más niño, más niño que el mismo niño, más indefenso
y desconsolado que el menor de los hermanos. Los ví a algunos tan contenidos,
a otros compuestos, y a otros sin resignación pero sobre todo a él,
lo bueno y que me dejó tranquila fue que pude decirle todo en
un par de segundos, esos que duran por muchos minutos.
En ese mili-maxi tiempo, le dije que ahi estaba, que lo sentía,
que lo acompañaba, como un abrazo telepático,
y un montón de cosas que ni siquiera voy a plasmar aquí.
Como sea, el que me preocupa ahora, es el ejemplar pequeño,
como que lo quise adoptar de hermano. Es raro jamás me pasa eso,
con nadie, quizás tenga que ver la conversación que tuve con su padre
ese día  en mi casa, no lo sé. Tal vez sólo sea empatía.
Siento como que hubise corrido la maratón o un circuito a lo 10k.
Las situaciones estresantes te ponen así. como salida de un molinillo.
En ese momento, en serio, lo único que quería era abrazarlo y
decirle que podía contar conmigo para lo que fuera.
Puedo cumplir una excelente función de oreja-payasa.
Pero eso no lo sabe él, ni en verdad muchas personas.
De hecho por lo distante que suelo parecer,
lo más probable es que piensen ni me importan "las situaciónes".
 
Hoy en medio del templo, le pedí a mi mamá que me duré 20 años más.
La forcé a prometérmelo, y quizás sea eso lo que me da tanta pena.
Ojalá que no me defraude y que no falte a su palabra.
Yo sé que es eso lo que me tiene los ojos hinchados.
 
  
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