Mi amiga Coni, tiene un dramón. Un final de relación que no sabes si es.
Me refiero a un “clásico fin”, ese de frente a frente.
Si es por escrito, da igual la vía, ¿vale? Supongo que sí.

Es raro no poder cerrar un ciclo como corresponde, le dije.
Quizás sea bueno un último acuerdo,
Juntarse para poder dejar que las almas descansen, sanen, olviden (jamás) y muten.

El corazón de Cupido transformado en un círculo, más bien en un biorritmo.
La curva del amor no tiene  nada que ver con una cadera.
Nacen, crecen, se desarrollan y mueren. Que sea consensuado y al unísono.

Hacer el último examen al enfermo y
(nosé si soy muy porfiada), dar el último remedio o la intyección letal.

De todas  formas  es raro y poco sano, nocivo y destructivo; como dicen por ahí,
querer estar con alguíen que te ve de forma nauseabunda.

Cuando hablaba con la Coni, un flasback de una amiga muy querida,
que ya no veo hace tiempo, vino a mi  mente, ella me dijo:
todo lo que necesitas es dejar el miedo,
no es preciso que sea perfecto, basta que sea profundamente humano,
que tenga sentimientos y un buen corazón.
Que sepa compartir dolores y alegrías,
hablar y saber callar, pero sobre todo saber escuchar…
Sin prejuicios y mantos grises (agrego yo).
Que guste de la poesía, la música, el sol y la luna,
que sienta un gran amor por la vida, y que sepa guardar un secreto.

Pero olvidó decir algo: Que jamás use en tu contra tus actos o tus confidencias.
Ni menos se ría de tí en tu pantalla, de tus vulnerabilidades, trancas o traumas.
Grados de Certeza & Grados de Libertad,
los únicos indicadores que te permiten poder rearmar.

Osho dijo: Si la muerte es tan hermosa, te trae una nueva vida.
A medida que el amor se profundiza se convierte en confianza.
Yo digo que en la medida que confién en tí, llega un momento en que  es imposible jugar chueco.