Algunos necesitan “musos”, otros lecturas a libros, ensayos, magazines o revistas.
Otros serán “tocados” por ella a través de paseos, viajes, periplos por templos culturales o quizás no tanto.
A otras personas los inspiran momentos intensos, sufrimientos, desilusiones, decepciones
(palabra últimamente recurrente en mí).
Hechos inesperados, pequeños derrumbes, restructuraciones…Reingeniería de la vida.
Ingenio que falta y falla.
Que sólo dice ausente, estas cada vez menos presente.
Curvas de vida, ciclos “normales” a los que uno le hace un poco el quite para
no darse cuenta en que todo se vuelve una gran ensalada de apio…
insípida pero crujiente…mucho ruido pocas nueces.

Alguna vez alguien me dijo que cuando tu mundo se derrumbre,
volverá a nacer otro nuevo.
Dejar que pase el “momento” sin aferrarse es lo más sabio y digno
que un sobreviviente puede hacer.

Dejar que el viento te atraviese, dejar que la corriente te lleve un poco,
sin querer correr hasta la orilla en forma despavorida y con tu cara dibujada en súplicas.
Es así con las personas, algunos experimentan con apegos elusivos,
algo así como  el que no espera nada de nadie, no se siente solo.
Un limbo donde no se experimenta el dolor, pero tampoco las alegrías…
ergo no hay inspiración.
A otros nos conmueven muchas cosas,
quizás pertenecemos a una casta de seres en demasía estimulables…
colores de atardecer, una alameda primaveral con una puesta de sol de postal.
La soledad también es una fuente de manar ideas siempre y cuando – pienso –
uno se sienta bien consigo mismo.

¿De dónde nace una idea?, ¿qué nos inspira?… y lo más importante
¿que nos hace concretar acciones?

Como quiera que sea y como decía Picasso,
La Inspiración Existe, pero Tiene que Encontrarte Trabajando.