DOS

No pronosticaba lo que sucedió,

mi mesa siempre fue para uno, en algunas ocasiones,

hace ya algunos veranos fue para dos.

Pensar que justo en ese lugar, no mi mesa, sino la de otro,

se convertía, cual canción de Gustavo Cerati, en un Té para Tres.

Descubrí que tu habías tomado ciertas precauciones, algo así como un

manual de conducta propio de un Cassanova postmoderno.

Tu manual estaba lejos de ser sutil, rozaba la explicidad,

cazaba mariposas y doncellas, con la bestialidad de una criatura sedienta

de satisfacer sus instintos más vicerotónicos.

Nunca  supe, si era regla de oro, si aparecía en tu libro de pautas de conducta,

o si sólo fue una salida de libreto,

el dejarme ver parte de los 21 gramos que te componen.

De pronto parecía  estar nadando en una  nube de humo de mil y un colores.

Sólo me dijiste lo siento………………..

Entonces la cascada con su velocidad caudal  aumentó cual deshielo estival,

mis ojos se empaparon.

Pretendiste seguir bajo esa máscara disparatada….No pudiste sostenerla….

Quise ayudarte, no a sostenerla, sino sacarla de aquel lugar, debías colgarla,

tal como yo hace algunos años colgué la mía.

De vez en cuando la beso, la limpio y la miro como un trofeo.

Me protejo pero no me escondo, saco afuera lo que me daña,

si quisieras podría ayudarte no a sobrevivir, ni a esperar a la muerte,

sino a comprender y vivir en armonía, a descubrir los misterios que

esperan a la vuelta de la esquina.

Después de todo, estoy aquí, mi sombra me acompaña,

en mi mesa con dos cubiertos, esperándote…