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Cómo es posible que seamos tan distintos, tan singulares, 

cada uno con su propia huella digital.                          

Únicos e irrepetibles (por algunos afortunadamente).

Si todos venimos del mismo grano previo al Big Bang,

Si todos estamos hechos del mismo polvo estelar y tenemos la misma edad

13.800 millones de años de antigüedad.

Escolásticamente únicos.

Aps! debe ser por el Conde ese, el de Canterbury.

O por los exquisitos chocolates homónimos.

Quizás por los Cuentos de Canterbury,

probablemente por eso me ponía a filosofar, a volarme en mis

“pescadas”, no era la glucosa, ni el cacao, ni los

psicotrópicos contenidos en él.

Tan simple y singular como el nombre.

 

Molécula a molécula.

¿Porqué hay tanta variedad en este Planeta?

… Y en un santiamén cósmico.

La molécula del Big Bang hizo que el Lobo Feroz se                                     

transformara en un fiel compañero.

¿Entonces porqué la gente dice que la gente no cambia?

Por perspectiva cósmica la mayoría de nuestras                                         

preocupaciones parecen insignificantes, incluso frívolas

La antigua escritura de nuestro código genético tiene 

una sola letra escrita en páginas de Doble hélice.

Que vuela vertiginosamente como las aspas de un acero aéreo.

100 millones piezas. Cada uno un universo.

Variabilidad, viabilidad.

La naturaleza no bota lo aprendido y parte de cero.

Se perfecciona. Se especializa.

Todo con tal de no ser parte del Salón de la Extinción.

Un creacionismo especial… o Espacial?

Y finalmente todo termina siendo poesía… como El “Dios Huidobro”

Una creación de nuestra mente.

Maquinaria sutil del asombro.

Sólo sé que la naturaleza no revela sus misterios de una vez para siempre.

Tal cómo tú, misterioso personaje.

 

¿Espejismo, holograma o delirio?

Cada sistema estelar es una isla en el espacio.

… Y lo infinito se vuelve diminuto.

Único en su especie … Sui Generis.