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Hoy pensé en una cosa que dijiste…
“No me gustaba porque era gordita”

A veces las cosas son inversamente proporcionales,y
no te das cuenta hasta que vives un poco un pedazo de vida del otro,
tratemos de no sacar inferencias obvias,
Yo voy a museos y lo estético tiene una preponderancia,
paralelamente eso no interfiere con mis sentimientos.
La cáscara… si se trata de personas, no me fijo en ella.
Jamás frecuentabas museos, ni ferias de arte, ni decoración,
ergo, lo estético no era preponderante ( por inferencia obvia ),
sin embargo de aquello que te ausentabas, te desvió contra cualquier
sentimiento ante ese corazón graso que no paraba de buscarte.

Que  habrá pensado  Elena Fourment, Sue Tilley, que con su morbidez y frescura palpitantes, conquistaron Christie´s, más a ti sólo te provocaban decir,
paso gracias – por  temor a la rancidez-.

¿Sabor o Salud?
Sólo eso se me viene a la mente cuando  asocio el horror
del valor de lo superficial encarnado en un un silencioso y tranquilo aspecto.
Salud – mental – es fijarse en lo abstracto que te provoca y espejas en un ser.
Sabor es quedarse en las cualidades organolépticas  de la cáscara,
que tarde o temprano te provocarán una indigestión como las de “activia”.

Tu última gracia fue ir en contra de Las Tres Gracias.
Ruborízate por Rubens,
o siéntete sin sustancia aunque sea por el sobrino de Freud (Lucien) y
pide a su tío que te de una  buena sesión sentado en chaise Longue.

La  mezquindad de algunas almas se manifiesta al hacer arcadas frente a
La Carnosa Generosidad del Ser.