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Cuando lo inesperado toca  a nuestra puerta y la reflexión que inspira nos  muestra la pequeñez del mundo  en el que vivimos, sin darnos  cuenta   debemos recuperar si es que   se ha ido el candor de  la inocencia. A veces  hay  quienes  se apuran a dar  respuestas  sin escuchar, eso si escuchan,  generalmente sólo oyen.  Estar siempre  en la cercanía  del otro requiere de todos tus sentidos  conscientes y en plena  voluntad, a veces  no es fácil, a veces  hay olvidos. El bien estar es parte del amar, una cercanía  con el  otro en cuerpo y alma presente, no dejar que se desvanezca la espontaneidad de la armonía. Nuestro Cosmos es nuestro mundo  que  escogemos   vivir y con quienes deseamos compartirlo.

Conservarnos  armónicamente  acogedores, dignos ética y socialmente. No compartir  con los a los que padecen de ceguera ética, de ese vivir enajenado en competir y esa búsqueda de riqueza material a cualquier costo,  depredando  a compañeros y  otros seres, eso deja un sinsentido y ausencia de equidad.

Todos los que vivimos,  trabajamos  y actuamos en confianza creemos  que es posible y deseamos   hacerlo, crear mundos para vivir  con sentido ético y estético.  Donde la colaboración  surja de manera espontánea,  donde la  armonía  de  la existencia y la  coherencia sean  cotidianos  actos  reflejos  como el respirar, pero no ese  respirar de  costillas, sino  ese  consciente  que viene de un acto meditativo.

Donde los errores se corrijan  oportunamente porque  se los quiere  corregir,  donde el convivir  cotidiano sea interesante e inspirador,  un bien estar que da el mutuo respeto.

La fealdad humana se encarna en el egoísmo, en la deslealtad, en la indiferencia. No justificar ni mantenerse cerca de la agresión degradante de un trato injusto  hacia nosotros o hacia los demás, si se calla se es cómplices  a no ser que estés buscando  un mejor camino lejos de ahí.

Quédate en un ambiente que enriquezca tu alma y  tu cerebro, sobre todo tu corazón,  que  potencie  tu imaginación,  que fomenten tus pensamientos profundos. Huye de la peste de  seres  negativos insustanciales,  cretinos, prepotentes,  necios, egoístas y ególatras, esos  que te clavan el puñal por la espalda  minutos antes de compartido y sonreído  contigo.

Elije tu antropósfera.

 Pero elíjela  ahora con toda la verdad que   caminar y mirar  dentro tuyo. Puede ser que mañana sea tarde. Más que nunca la filosofía del aquí y ahora. Nunca sabemos hasta cuando estamos, siempre demos  lo mejor y al 200%, como si fuera nuestra única oportunidad de hacerlo bien. Nuestro único disparo en la cámara.

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